Next step
He empezado mi inmersión retrospectiva autocrítica en busca del yo mismo interior con la esperanza de tener tiempo para salir a respirar. Efectivamente, he empezado a escribir los essays.
Los essays son una serie de ensayos en los que uno debe convencer a los comités de admisiones de las business schools porqué deberían elegirle a uno, todo ello sazonado con la escasez de palabras (entre 400 y 600 por ensayo). Como una receta de cocina, un ensayo debe tener la cantidad necesaria de humor, seriedad, originalidad, radicalismo, ser conservador, rompedor y demostrar que uno es superman sin decirlo explícitamente. Uno debe decir que ha colaborado en ONG (es lo que está de moda), pero debe interesarle el dinero (no existe el filántropo último, sólo aquel dispuesto a devolver a la sociedad algo de la furtuna que ha conseguido amasar). Por supuesto, todo esto sin caer en la vanidad y la mentira, por si a alguno de ustedes ya había encontrado la respuesta a mi problema.
Los essays, al final, no son más que una de esas reflexiones que uno debe hacer de tanto en tanto. Pararse a pensar, mirar atrás, resumir las infinitas cagadas (y los pocos logros) que uno ha hecho y pensar en qué le gustaría a uno que le deparase el futuro. Preguntas como “Qué he hecho?”, “Quién soy?” o “Qué quiero?” son preguntas de apariencia innocente y jodídamente difíciles de responder. Quizás por eso es tan difícil de entrar en los MBAs…
Iré posteando fragmentos (párrafos) de mis essays en mi blog, para que podáis comentarlos. Pegadme una colleja o aclamad al cielo si curvo demasiado la realidad, pero ya lo dijo Dalí:
The difference between false memories and true ones is the same as for jewels: it is always the false ones that look the most real, the most brilliant.





