Las vacaciones

Aún recuerdo las redacciones del colegio a la vuelta de las vacaciones de verano. Eran como una colleja a lo “te lo has pasado muy bien, pero espero que no te hayas olvidado de currar”. En ellas uno explicaba lo bien que lo había pasado con la familia, alguna que otra anecdotilla en la playa y todo ello relleno de faltas de ortografía causadas por 3 meses de hacer lo que a uno realmente le apetece.

Estas vacaciones han estado muy bien. Podríamos decir que he conseguido balancear el relax con la actividad (cosa harto difícil). Visité tres países distintos, dos epocas del año distintas, estuve en tierra, mar y aire y conseguí ligarlo todo con interminables tardes de siesta y vaguería en el sofá. Mantener este equilibrio entre descanso y actividad es crucial de cara al estado de ánimo a la vuelta de las vacaciones. Si abusas del primero, al volver tienes la sensación de no haber salido de casa. Si haces lo contrario, las vacaciones pueden ser peores que el trabajo, uno vuelve más cansado y extenuado de lo que se fué.

Este equilibrio es el savoir faire de un afortunado sector de la humanidad. Los que habitan en islas pequeñas. Quizás es el sentimiento de verse atrapado, la “relativa” incomunicación o el estar a la merced del estado del mar… no lo sé. Pero es algo que empíricamente he podido comprobar: estos afortunados de la vida viven de coña.

Todos recordamos el famoso anuncio de una bebida alcoholica en la que se destacaba el recelo de una comunidad caribeña a apresurar las cosas. Yo creí que se trataba de un engaño marketiniano, pero pude comprobar la veracidad de estos hechos cuando el conductor de un autobús público de las Bahamas improvisó la ruta para poder pasar por su casa a dejar un paquete. Lo mismo pasó este verano, en las cíclades (pronunciadas quiclades en griego). Nunca me había costado tanto pedir 1 cocacola y un café en un bar. Y es que el mundo de los servicios en las islas griegas y el concepto de la multitarea, el deadline y la optimización no son compatibles. Pero una vez más, esto aporta una atmósfera de tranquilidad, pasotismo y nihilismo que hunden al viajante en la mejor de las anestesias vacacionales.

This entry was posted on Thursday, August 31st, 2006 at 12:41 and is filed under post. You can follow any responses to this entry through the RSS 2.0 feed. Both comments and pings are currently closed.

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