Sobre las manifestaciones en París

Hace tiempo que en tierras galas se viven tiempos de tensión. Empezamos con la notícia de que en los suburbios parisinos había aparecido un grupillo de incivilizados que se dedicaban a quemar coches para reclamar una mejora en las condiciones de vida de los barrios marginales franceses.

Me acuerdo que, para aquel entonces, yo trabajaba con un compañero y le pregunté si conocía a alguien que se hubiese visto afectado (i.e. le habían jodido el coche). Me contestó simplemente que existía una muralla transparente entre los habitantes de paris y los marginados de los suburbios. Me dijo, textualmente, que no creía que ningún amigo suyo tuviese algún conocido que a su vez conociese a alguien de los suburbios.

Pero eso hace ya bastante tiempo, ahora lo que mola son las manifestaciones de los estudiantes. Los estudiantes franceses, se levantaron memorando a sus antepasados “à la française” (nunca mejor dicho) dispuestos a cortarle la cabeza a Dominique de Villepin. Ambos hechos están estrechamente relacionados como veremos a continuación.

Villepin, primer ministro francés, se le había ocurrido una idea magnífica. Decidió importar la idea del empleo en prácticas. Sí, la explotación de la que muchos nos quejamos, pero trabajo al fin y al cabo. Los franceses, como es normal, se quejaron. Fué como si alguien quisiera sacarle un hueso suculento a un bulldog. Los franceses están, por lo general, muy bien acostumbrados: tienen un seguro del paro estupendo, contratos laborales infinitos y jornadas laborales de envidia. Yo también me hubiera quejado.

Pero ¿por qué Villepin propuso esa ley? Los estudiantes acusaban al cabeza de turco de siempre: la figura maquiavélica del empresario explotador. Pero la realidad es otra. El culpable es la mala integración de la inmigración. Los inmigrantes en Francia, así como en España, llegan en de un país evidentemente en peores condiciones (¿sino pa qué moverse?) y aceptan lo que les hechen. Se crean barrios marginales, condiciones laborales pesimas y sueldos que rayan la pobreza. Pero los años pasan, y la poblacion inmigrante compensa una natalidad débil autóctona y unos “nuevos” franceses llegan al mundo. Franceses en toda regla, pero evidentmente en desventaja. Siguen viviendo en barrios marginales y se crea una barrera psicológica difícil de superar que impide que tengan las mismas oportunidades que los franceses “de siempre”. Vamos, que no salen del pozo. Y entonces se quejan: queman coches, lanzan piedras y la lían porque no tienen unas clases universitarias a las que no asistir ni una “Sorbonne” a la que boicotear.

Y entonces Villepin piensa: “Ostia! Ya sé lo que voy a hacer: voy a oxigenar y a crear empleo para mejorar la integración de los franceses más marginados”. Evidentemente un empresario no va a contratar a alguien de los suburbios si el contrato que le ha de ofrecer POR LEY ha de ser indefinido. Él prefiere, evidentemente a panecillo recién salido de una Grande École! No está el horno para bollos: te equivocas y tienes a un tío que no te cumple a sueldo para toda la vida. “Voy a crear la ley del primer empleo. Para crear una capa de absorción de nuevos trabajadores más justa!” ¿Pero más justa para quien? Para la totalidad de los franceses. Pero no para los franceses “de siempre”: ellos ya tenían el chiringuito bien montado. Y de eso se quejan.

Francia se encuentra en una situación en la que España, seguramente se verá dentro de un tiempo. La inmigración es necesaria para embarrarse en trabajos en los que no estamos dispuestos a meter las manos. Pero el descendiente de inmigrante querrá tener las mismas oportunidades que cualquier ciudadano! ¿A qué estamos dispuestos a renunciar a cambio de la inmigración?

This entry was posted on Wednesday, April 19th, 2006 at 23:53 and is filed under post. You can follow any responses to this entry through the RSS 2.0 feed. Both comments and pings are currently closed.

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